Estuve revisando un buen artículo en el que se hace referencia a lo peligroso que resultaría aplicar la tan aludida "muerte cruzada" para solucionar los problemas políticos que enfrenta nuestro país, sobretodo porque según quién lo redacta, esto podría representar que nos quedemos sin Asamblea indeterminadamente mientras el presidente continuaría en funciones. (http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/muerte-mentirosa-muerte-peligrosa-421320.html )
"Para elegir la nueva Asamblea no hay un plazo establecido; entonces, podría el presidente con todos los poderes a su alcance, gobernar y legislar por tiempo indefinido. Eso, sin duda, resulta muy peligroso y poco saludable para nuestra moribunda democracia" dice César Coronel en su artículo1.
Sea como fuere, y aunque me parece una percepción bastante interesante la sostenida por el autor en este escrito, fueron en realidad los comentarios añadidos por los lectores en el portal web quienes capturaron mi atención. No precisamente por la profundidad en sus contenidos sino, por lo repetitivos que resultaban.
Sobre este tema, tanto autoridades como ciudadanos y demás actores políticos de nuestro país mantienen sentencias tan burdamente reiterativas que me producen un poco de tristeza.
La mayoría busca culpables y omite la posibilidad de que los errores sean propios. Otros escépticos perturbados, no aceptan lo que sucede. Y los sobrantes, apáticos indiferentes (sea por necesidad o por convicción) ni siquiera están enterados o, con tranquilidad se justifican diciendo: "Así mismo es la política" cómo si algo por cotidiano debería ser aceptable.
Lo cierto es que no pretendo tener la verdad (para mi nadie la tiene) ni tampoco la solución, solo intento reflexionar sobre el fenómeno de inestabilidad política que padece nuestro país, para ver si despierto y ayudo a que alguien más despierte. Para que quienes deseen se sumen y podamos todos, forjar nuestros propios criterios sobre lo que hemos visto, lo que vemos, lo que vivimos. Lo que viviremos, lo que hacemos y lo que debemos dejar de hacer quienes ejercemos derechos civiles y políticos en Ecuador.
Quiero empezar recalcando que NO me gustaría desmerecer el trabajo ni la importancia de ningún grupo en especial, pues eso contradice mis convicciones. Sin embargo, creo con firmeza que la situación podría cambiar radicalmente si tan solo entenderíamos que la titularidad exclusiva de este país NO LA TIENE NADIE.
Ni socialistas, comunistas, ni liberales. Ni rojos, ni verdes, ni amarillos. Ni subversivos, ni ex subversivos, ni conservadores. Ni indígenas, ni negros. Ni mujeres enérgicas defensoras del género, ni machos ecuatorianos. Ni pobres, ni ricos. Ni migrantes, ni naturalizados, ni ciudadanos. Ni discapacitados, ni superdotados.
Este pequeño país, es de ¡TODOS! De los cholos que se creen blancos y de los blancos que se creen indígenas. Es de los trabajadores, de los campesinos, de los marxistas y de los sindicalistas tanto como es de los empresarios, de los microempresarios, de los hacendados, de los millonarios, de los derechistas, de los liberales y de los neoliberales.
Este es un país de 24 provincias, de millones de contradicciones; de diversidad y es así que se entiende por qué la solución NO radica en igualarnos a todos, sino en conseguir que tengamos una convivencia buena y feliz a pesar de nuestras diferencias que pueden ser ciertamente abismales.
El único inconveniente real es que esta NO es una tarea para pseudo líderes, porque si por inhabilidad, antipatía o causa desconocida, un mandatario, movimiento, partido político, gobierno o grupo de ciudadanos. NO admite que TODOS (los mencionados antrs en la gran lista de hacedores de la patria) SON sus mandantes. Ni tampoco está dispuesto a trabajar por TODOS ellos, entonces, conseguir una TRANSFORMACIÓN de fondo y no de forma que alcance mejoras en las condiciones de vida de los ecuatorianos, es un fin tan contraproducente como irrealizable.
Si no se aceptan observaciones, ni se escucha la voz de quienes piensan diferente entonces, ¿Cómo se nutre el proceso? Si se necesita pertenecer a un partido político determinado y profesar una ideología común entonces, ¿Dónde específicamente radica la inclusión? ¿Desde cuándo ampliar las diferencias o incrementar la tensión entre los sectores que conforman la sociedad es una manera de mejorar la convivencia?
Se supone que los errores del pasado deben ser recordados para no volverlos a cometer. Y bajo ese contexto, si antes hubo aborrecimiento, ahora debe haber perdón. Si hemos vivido una eterna pugna entre sectores, el nuevo tiempo debe ser de diálogo y de cooperación. Esto debe ser así porque aprovecharnos de la historia para sembrar más odio, será tan solo una forma de asegurar una inmejorable futura cosecha de divisiones y subdesarrollo.
Odiar al torpe no te hace más inteligente. Aborrecer al inteligente solo perenniza y reafirma tu torpeza. Decidir si ahora la piedra se lanza un poco más hacia la derecha y un poco menos hacia la izquierda (alimentándonos con la esperanza de "vengar a los caídos") sin pensar en la existencia de un nuevo horizonte o en la posibilidad caminar hacia algo nuevo o mejor (además de ser una posición sumamente egoísta) ¡NO es cambio! ¡NO es transformación! ¡NO es evolución! Es más de lo mismo y menos de lo que necesitamos.
Sin duda, todos los gobiernos (absolutamente todos aunque, unos más que otros) han trabajado por su gente, efectuando obras que consideraban "buenas" (nótese lo increíblemente relativo que resulta este término) Negar algo así sería terriblemente ingrato. Sin embargo, el hecho de que hayan cumplido con su gente no necesariamente representa que hayan desempeñado excelentes gobiernos, que sus ofertas de campaña fueran cumplidas. Un listado de obras no es sinónimo de que haya sido más lo retribuido al soberano que lo recibido de él.
Los problemas que vive hoy el país, no son recientes sino secuencia y consecuencia de problemas anteriores. Eso sin contar las tristes REINCIDENCIAS crónicas que se desprenden del desconocimiento y la falta de experiencia (no necesariamente de la incapacidad) dando lugar a una sucesiva repetición de los errores que se han cometido en el pasado, intentado parafrasear al ilustre diplomático Rodrigo Yepes2.
Durante décadas, la política nos ha decepcionado, las autoridades nos han decepcionado, pero al parecer no hemos logrado asimilar que la única forma en la que esas decepciones llegaran a nuestra vida, fue precisamente a través de nosotros mismos. Unos por votar, otros por no votar y los que restan… por saber lo que sucedería y sin embargo no impedir esos votos. Esto mis queridos compatriotas, nos convierte en los principales responsables de las tragedias que vive y ha vivido el país, de nuestras propias tragedias.
Todos aquellos a quienes hemos apoyado, llegan sin propuestas claras, respondiendo únicamente a los intereses de su grupo (en el mejor de los casos, porque normalmente no poseen ni siquiera un grupo considerable al que puedan remitirse) hacen todo lo que creen conveniente hasta que llega un nuevo grupo que creyéndose portador de la voluntad soberana, decide el fin de la toma, liquidando el cortometraje justo cuando empezaba a ponerse interesante.
Todos ellos nos permiten disfrutar período tras período, esa eterna tragicomedia donde uno más festivamente que otro, tira para su lado mientras nosotros, atentos ESPECTADORES y eternos FINANCISTAS de esta locura, parecemos no cansarnos de vivir y morir con las hazañas cantinflescas que estén de turno.
Nos impactan las caras nuevas aunque su única trayectoria haya sido mal administrar el poco o mucho dinero que sus padres les entregaban todos los días antes de ir a la escuela. Nos conmueven las faldas, las coronas, los trajes impecables o los méritos deportivos. Nos impacta el apellido, la opulencia y los discursos donde sobren muchos gritos, no falten los insultos y estén siempre presentes las cifras adulteradas. Nos llama la oportunidad de conseguir "un carguito" aunque eso represente venderle el alma al diablo de temporada. Añoramos un país diferente pero disfrutamos de una pelea en el congreso o asamblea, que nos dé la oportunidad de armar una tertulia por la tarde.
Tantas elecciones han pasado ¡Tantos candidatos! ¿Y nosotros? Nosotros nunca exigimos cambios verdaderos. Poco o nada nos importa informarnos de verdad. Creemos que escuchar por la mañana al conductor del noticiero sobre la Ley de Educación Superior casi representa haberla leído. Creemos que si un diario le pone 10 puntos al candidato "X" sobre el candidato "Y" en las encuestas, no hay para que averiguar demasiado ¡Seguramente X debe ser el mejor!
Hemos empezado a creer que "carrera o trayectoria política" se mide en la cantidad de cargos desempeñados y no nos parece trascendental si estos fueron obtenidos con mérito. Creemos que si el candidato escribió unos 5 artículos, dirigió el comité de padres de familia de algún colegio o simplemente tiene el suficiente "carisma" para caerle bien al votante en tiempo de campaña repartiendo los "útiles" y no tan contaminantes calendarios, eso es merito suficiente para que se haga acreedor al alto honor de convertirse en NUESTRO SERVIDOR porque si, aunque parezca increíble, ellos son NUESTROS servidores, muy a pesar de que casi nunca podamos verles y tengamos que esperar durante horas por una cita a la que probablemente nunca asistirán. Porque aún cuando nos abrume la idea de que realidad somos nosotros quienes les servimos, no podría haber nada más alejado de la realidad. Son ellos quienes a pesar nuestras reiteradas "ingratitudes" han encontrado siempre la manera de estar ahí, haciendo nuestra vida más digna y nuestras ciudades más organizadas y funcionales.
Tengo ganas de reírme, pero no sé bien cómo plasmarlo dentro de un escrito como este. Así que me limitaré a continuar y decirles con pesar que acá señores, si hay algo que en realidad no tenemos, eso es: LÍDERES VERDADEROS Y CAMBIOS REALES. ¿Por qué? Pues, porque gana con nuestro voto quién más se hubiera destacado en la escuela de arte dramático a la que nunca asistió. Quién con más énfasis reclama al resto las consecuencias de las fatídicas hazañas y de los ilícitos que pronto cometerá.
NO TENEMOS LÍDERES VERDADEROS que nos ayuden la lograr unidad nacional o estabilidad real. Tenemos agitadores pendencieros que se lucran del resentimiento, la necedad o la ignorancia y es triste, muy triste, sobretodo porque gran parte de la culpa ES nuestra. Por conformarnos con lo primero que cae, con la tarima más colorida, con la camioneta más llena o con la sonrisa más alhaja.
Muerte cruzada o no, en realidad NO interesa. Si de verdad queremos algo nuevo y diferente, es necesario ponerse a pensar con seriedad en lo que hacemos y dejamos de hacer como votantes. Y si somos o fuimos autoridades, quizá lo mejor sería dejar de engañarse. Aceptar los propios errores, admitir las incapacidades, escuchar las críticas y dar espacio a quienes tienen más habilidades que nosotros.
Son esos los primeros pasos para superar la crisis y encontrar el Norte. No vaya a ser que terminemos llenos de nuevos rencores y sea algún incapaz bien intencionado, con lindo traje, meritos deportivos coloridas propagandas y buena sonrisa quien acabe administrando la Republica.
La buena voluntad es necesaria pero nunca suficiente… este país requiere verdaderos líderes, un poquito de decencia y tres gotas de integridad.